Analizar el vestido de novia de Natalia Palacios conlleva, como es cada vez más habitual, desgranar dos diseños. Porque la influencer, que contrajo matrimonio ayer con Carlos García en el hotel Soho Castillo de Santa Catalina de Málaga, se sumó a la moda de cambiarse tras la ceremonia, una práctica, por cierto, cada vez más habitual. Las novias quieren ser princesas el día de su boda, pero también estar cómodas para poder darlo todo en la fiesta posterior. Eso debió pensar Palacios, pues presumió de dos creaciones bien distintas. Sin duda, una oportunidad para no tener que renunciar a nada, ya que en ocasiones, nuestro vestido de novia soñado no es sólo uno, sino que debería recoger diferentes versiones de nosotras mismas. Y para eso, nada mejor que llevar dos piezas diferentes en las que volcar toda nuestra personalidad.
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En su caso, llegó a la ceremonia con un diseño regio, de corte minimalista en las líneas, pero voluminoso en lo que a vuelo y cantidad de tela se refiere. Con escote palabra de honor y cintura baja, de corte medieval, se trataba de uno de esos vestidos con presencia y personalidad que hacen brillar a la novia sin arrebatarle protagonismo. Una pieza que, en lugar de centrarse en tendencias pasajeras, sobrevivirá al tiempo como el primer día. Igual que su ramo blanco, su velo discreto, los pendientes de perlas o ese recogido minimalista que nunca pasará de moda.
Y para la fiesta posterior, vemos una creación menos clásica, pero más adaptada a la noche. Repetía con el escote palabra de honor, pero ahora apostaba por el encaje, por una silueta más ajustada y por unas mangas desmontables muy sexys. Ya sin velo, dispuesta a darlo todo en la pista de baile junto al novio, el rostro de Natalia continuaba mostrando la felicidad de un día tan especial.
Y tú, ¿con cuál de los dos te quedas?

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