Por qué Summer Roberts, y no Seth Cohen, es el motivo por el que volver a ver la serie The O.C.

El regreso de Adam Brody a Nobody Wants This y la llegada de The O.C. a Prime Video han motivado un revisionado sin precedentes de una serie que te reencontrará con su auténtica gran protanista: Summer Roberts, el personaje interpretado por Rachel Bilson.
Summer Roberts y Marissa Copper en The O.C.
Diseño: Mar Lorenzo.

Existen pocos mecanismos tan infalibles a la hora de preservar el buen recuerdo de esas series de los 90 y 2000 que triunfaron en la adolescencia millennial que abstenerse de volver a verlas en la edad adulta. De la misma forma que el entretenimiento es uno de los mejores cronistas de su tiempo también es un implacable verdugo. Y no solo porque la sociedad ha cambiado sino porque lo más probable es que tú también lo hayas hecho, a veces hasta tal punto que la disociación resulta imposible. No conviene subestimar, sin embargo, el poder de esa nostalgia que, de igual manera que predispone a dulcificar las ficciones televisivas con las que crecimos, también hace que resulte inevitable querer volver a verlas; siempre bajo nuestra propia responsabilidad, por las altas probabilidades de decepción, pese a las excepciones. La serie The O.C. —emitida en Fox entre agosto del 2003 y febrero de 2007, y que ha vuelto a ponerse de actualidad tras el viral regreso de Adam Brody al segundo personaje más Seth Cohen de su carrera, después del de Seth Cohen, en Nobody Wants This— es una de ellas.

Sobre el papel, The O.C. no parece distar mucho del resto de comedias dramáticas adolescentes que pueden considerarse un subgénero dosmilero en sí mismas. Esas series en las que la llegada de un joven (generalmente) de origen humilde a un grupo (generalmente) de millonarios en edad escolar es el elemento disruptivo con el que arranca una trama en la que el (des)amor, la amistad y esa búsqueda de la identidad tan representativa de este periodo vital se convierten en el combustible principal de unos guionistas con nivel nativo de drama juvenil.

Summer Roberts y Marissa Cooper en The O.C.
©Warner Bros/Everett Collection

Superada una sinopsis que no le hace justicia y con un vago recuerdo de su trama en líneas generales, bastan unos pocos capítulos para reconfigurar la impresión que causaron sus personajes e, inevitablemente, adaptarla a la persona que eres ahora. Ver The O.C. a través de los ojos de un adulto millennial implica entender el sufrimiento de Ryan Atwood, la toxicidad autodestructiva de Marissa Cooper e, inevitablemente, desromantizar la figura de Seth Cohen. Pero también reencontrarse con Summer Roberts, la secundaria en el papel de la mejor amiga (interpretada por Rachel Bilson), que se convirtió, primero en regular y después en protagonista. El personaje curiosamente más infravalorado en su momento —más allá de su conversión en icono de moda— pero, indudablemente, el que mejor ha envejecido.

La mejor amiga

De la larga lista de elementos comunes al rol de la mejor amiga de la chica más popular del instituto, Summer cumple la gran mayoría de ellos: es guapa, millonaria, reina del baile dos años consecutivos y poseedora de un armario que es el mejor reflejo de las tendencias de la época. Sin embargo, es en la excepción a la regla donde realmente se construye el personaje más interesante y con un mayor desarrollo de todos a lo largo de las 4 temporadas de la serie. Lo que comenzó como la clásica adolescente de clase alta con pocas aspiraciones más allá de ir de compras al centro comercial termina convirtiéndose en una activista medioambiental con una gran proyección tanto a nivel profesional como vital (y hasta aquí podemos leer para evitar hacer spoilers).

Lo primero que llama la atención de su personaje, quizá por ser la rivalidad entre mujeres un recurso narrativo omipresente en la época, es su forma de representar la amistad femenina, de una manera real y muy bien entendida. Entre Marissa y Summer no hay envidia, críticas destructivas, ni maldad, ni siquiera cuando se enfadan. Más de una década antes de que la sororidad comenzara a formar parte del discurso, The O.C. ya exploró este concepto con muchas más luces que sombras —desgraciadamente no puede decirse lo mismo de las mujeres adultas de la serie—, personificándolo en la figura de Summer pero también haciéndolo extensible a la gran mayoría de sus personajes femeninos adolescentes.

Su forma de entender las relaciones afectivas en general pero especialmente con otras mujeres se basa en el respeto, la empatía y la compasión. Las relaciones de Summer son una isla en un océano de amistades femeninas ficticias mal entendidas, que destaca todavía más si se compara con otros títulos adolescentes (anteriores y posteriores); especialmente con la serie del mismo creador que recogió su testigo: Gossip Girl. Precisamente por ello, no deja resultar paradógico, revelador y, a la vez, poco sorprendente pero igualmente injusto y decepcionante, que en el imaginario colectivo el personaje de Summer haya quedado reducido a la que probablemente sea la relación menos sana de todas, la amorosa que mantuvo con un tal Seth Cohen.

Volver a ver The O.C. sí es una buena idea

Bastan un par de acordes de su mítica canción —California, de Phantom Planet— y las primeras imágenes de la costa californiana para realizar un viaje al pasado, más concretamente a esas tardes después del instituto en las que merendabas junto a un nuevo capítulo de The O.C.. Si por algo fue famosa esta serie fue por su capacidad de transportar a su joven audiencia a un lugar idílico pero real. Que levante la mano quien no creyó posible, aunque solo fuera por un segundo, que podría llegar a tener la vida de Marissa Cooper, aunque la actual se parezca un poco más a la de su padre tras su declive.

Resulta innegable que el tratamiento de conceptos en la primera década de los 2000 que están de plena actualidad en el 2025 implica que la trama no sea perfecta, ni (remotamente) correcta. La presencia de personajes racializados, aunque fiel al entorno —blanco, elitista y conservador— y la época, es prácticamente anecdótica y estereotipada. También te llamará mucho la atención la forma de abordar el maltrato, las enfermedades mentales y, todavía más, la normalización de las relaciones entre adultos y adolescentes.

Sin embargo, si te ves capaz de aceptar que el contexto en el que se grabó era otro (igual que sucede con la gran mayoría de películas y series de la época), no solo te aliviará comprobar cuánto ha cambiado el entretenimiento desde entonces, también difrutarás volviendo a ver The O.C., incluso más que cualquiera de los estrenos de este año. Pero, sobre todo, tu percepción del personaje de Summer Roberts cambiará por completo, hasta el punto de que es muy probable que (igual que me pasó a mí) se convierta en tu nuevo favorito, no solo de The O.C. sino de todas las series adolescentes.