Sangre de dragón, aceite de patauá… ¿son los ingredientes exóticos más efectivos que los de siempre o es puro ‘hype’?

¿Estamos ante activos realmente revolucionarios o solo ante la última estrategia del marketing cosmético para conquistar nuestro neceser?
¿Son los ingredientes exóticos ms efectivos

En el universo beauty, cada temporada llega con su propio diccionario de ingredientes milagrosos, y lo que ayer era ácido hialurónico, hoy es aceite de patauá o baba de caracol. Y, por supuesto, siempre hay algún nombre que suena tan misterioso como prometedor. Uno de los más recientes es la sangre de dragón, un extracto vegetal rojizo que suena a fantasía, pero que en realidad tiene una base botánica muy real. Sin embargo, hoy no es fácil enganchar al público. Nunca antes habíamos tenido acceso a la ciencia –ni tanta información a golpe de TikTok–. ¿El resultado? Una generación de consumidoras que ya no se dejan seducir por promesas vagas, sino que buscan fórmulas efectivas y resultados visibles. En este contexto, los llamados ingredientes exóticos –procedentes de plantas amazónicas, resinas orientales o aceites africanos– se convierten en un territorio fértil para el deseo y la curiosidad. Pero, ¿funcionan?

“En la actualidad, muchos ingredientes procedentes de lugares remotos captan la atención del consumidor. Estos activos exóticos prometen soluciones vanguardistas para problemas como la hiperpigmentación, la deshidratación o la alteración de la barrera cutánea. Sin embargo, vale la pena cuestionar si realmente superan a los ingredientes clásicos de la ciencia cosmética –como el aceite de oliva, el aloe vera o el aceite de girasol– que han sido estudiados y validados durante décadas, y en la mayoría de los casos, han sido utilizados en incontables ocasiones a lo largo de los siglos”, dice Pedro Catalá, cosmetólogo, doctor en Farmacia, profesor de Química Cosmética en la Universidad de Siena y fundador de Twelve Beauty.

Como señala el experto, las innovaciones cosméticas requieren, al menos, tres pilares. “Una innovación cosmética real exige validación científica (ha de contar con datos clínicos o de laboratorio sólidos), una trazabilidad transparente (con cadenas de suministro claras y verificables), y una obtención sostenible (a través de cosechas éticas y bajo impacto ambiental)”.

Lo innovador no tiene por qué ser exótico

Lo que ocurre con estos ingredientes –y con tantos otros como el bakuchiol, el aceite de marula o la centella asiática– es que su historia, a menudo, se mezcla con la promesa. A veces el nombre exótico actúa como una especie de conjuro, suena diferente, ancestral, poderoso. Pero detrás de ese relato hay formulaciones modernas, laboratorios que los estabilizan, los combinan y los dosifican para que realmente funcionen. El valor real de estos activos no está tanto en su origen lejano, sino en cómo se formulan. Un extracto vegetal por sí solo no hace milagros, lo que marca la diferencia es su concentración, su pureza y su sinergia con otros ingredientes.

El aceite de patauá, por ejemplo, es un aceite rico en ácido oleico, vitamina E (170 mg/100 g) y ácidos grasos esenciales, que a menudo se denomina el aceite de oliva de la selva tropical. Frente a él, el aceite de oliva no solo es igualmente rico en ácido oleico y naturalmente abundante en escualeno, polifenoles y vitamina E. “Ambos aceites fortalecen la barrera cutánea, hidratan profundamente y defienden contra el estrés oxidativo, esenciales en cualquier fórmula innovadora. Pero más allá del laboratorio, la verdadera fortaleza del aceite de oliva radica en el paisaje: los olivos son resistentes, de bajo mantenimiento y requieren poca agua. Sus raíces profundas estabilizan el suelo, mientras que su capacidad de absorción de CO2 apoya activamente el equilibrio climático. Añade a eso su proximidad y trazabilidad completa, y el aceite de oliva se convierte en algo más que efectivo: se convierte en un ingrediente estrella responsable”, aclaran desde Twelve Beauty.

Algo similar sucede con la Sangre de Dragón y el Aloe Vera. El primero es rico en proantocianidinas y flavonoides, acelera la reparación de heridas, reduce las cicatrices y proporciona una membrana protectora, mientras que el aloe vera, por su parte, es rico en vitaminas, enzimas, ácido salicílico y aminoácidos, está respaldado por ensayos aleatorizados para la curación de quemaduras, acción antiinflamatoria (aloesina, aloína) y alivio del picor (lactato de magnesio).

“Solo por el nombre, la sangre de dragón, puede estar llamada a ser la ganadora absoluta, pero el aloe vera sigue siendo un peso pesado en el caso de las pieles irritadas. Su historial de seguridad a largo plazo y su amplia disponibilidad lo convierten en una opción inteligente para quienes buscan innovaciones cosméticas que aceleren la curación sin las preocupaciones éticas de ingredientes de origen raro”, advierten los expertos. En definitiva, la próxima vez que te topes con un ingrediente con nombre de leyenda, no creas que se trata de algo mágico, porque a veces las soluciones están mucho más cerca de lo que pensamos.

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