Las cosas como son: cuando hablamos de llevar un look a capas, normalmente pensamos en esos momentos de transición del año cuando llevar distintas prendas surge como una suerte de develación. Si hace más calor, nos quitamos una; si vuelven a bajar las temperaturas, va de nuevo al cuerpo. Sin embargo, no hay duda de que cuando las temperaturas se acercan al 0, el arte del layering se vuelve nuestro mejor amigo para protegernos del frío mientras nos movemos de un lugar a otro, y de paso, para sumar un toque interesante a nuestros estilismos.
Hoy en día, un look a capas es una declaración de estilo y personalidad, es una forma de sumar profundidad, textura y giro a lo que podría ser el look más básico, pero lo cierto es que a veces lograrlo sin sentir que nos vemos como Joey cuando se puso todo el armario de Chandler en Friends (HBO) es complicado. Pero repasar los estilismos de las chicas mejor vestidas nos ha hecho detectar una fórmula más sencilla: la regla del 3 + 3.
El concepto es simple: combinar al menos tres capas (ligera, media y pesada) y tres tonos (claro, medio y oscuro). Todo lo demás es opcional, pero si tu atuendo incluye al menos estos 3+3 elementos, naturalmente crearás profundidad y equilibrio visual.
Este método se basa en cómo procesamos visualmente el contraste, la profundidad, la proporción de los colores elegidos, así como en la psicología del color. Hay estudios que demuestran que los humanos perciben los arreglos de claro a oscuro como más armoniosos y organizados porque nuestros ojos siguen naturalmente gradientes de brillo. Y esta misma idea se aplica a las capas por peso: los materiales más ligeros se posicionan como la base y los más pesados encima, lo que respeta nuestro sentido natural de proporción y equilibrio.
→ Funciona en los looks más sencillos, los que se conforman por nuestros básicos de invierno más repetidos y que tienen a los tonos neutros como mejores amigos.
→ En los más modernos y tendencia, las capas juegan un poco más con el contraste de los tejidos. Se juega con la ligereza del encaje o el satín con lo calentito de un jersey de punto. Y, de paso, se abre paso a integrar piezas estampadas.
→ Incluso en los más extravagantes, donde las lentejuelas agregan un poco más de luz, aunque vengan en un color oscuro y el largo de las piezas es todavía más marcado.
→ Los monocromáticos tienen su propia versión, porque la saturación de cada capa es distinta y va aumentando mientras se aleja de la piel.
→ Y se puede explorar el concepto más allá de una combinación obvia, porque así como una base en blanco o la versión menos saturada de un color, una primera capa vibrante que va debajo de otras dos que contrastan tiene el mismo efecto.
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