Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), entre un 20 % y un 48 % de la población adulta tiene dificultad para conciliar el sueño. Saber dormir correctamente, es decir un descanso óptimo para nuestro correcto funcionamiento al día siguiente, es una de las preocupaciones que mantiene en vilo a la actual sociedad. Los datos son alarmantes. Si bien, se han realizado muchos estudios enfocados a las consecuencias físicas que produce una falta de sueño prolongada, incluso neurológicas, hasta que no se publicó una investigación realizada por la Universidad de Ottawa y la Universidad de Pensilvania (EEUU), no se ahondó en el impacto del insomnio ante la toma de decisiones.
El doctor Pablo Barrecheguren, escritor del libro Por qué soñamos, explica en sus páginas: “La importancia de no tomar decisiones cuando hemos dormido mal una noche. Porque las realizaremos como un adolescente, ya que nuestro sistema cognitivo no estará óptimo y seremos muy impulsivos, pero sin haber hecho un buen razonamiento previo y un análisis de riesgos”. Emplearemos un pensamiento adolescente.
Los principales efectos que experimenta nuestra cerebro cuando no hemos dormido bien una noche, según nos indica AdSalutem Instituto del sueño, son los siguientes:
- Somnolencia excesiva: la somnolencia y la fatiga son efectos diurnos comunes de una noche de mal sueño. En respuesta a ello, una persona puede quedarse dormida sin darse cuenta durante unos segundos, lo que se conoce como microsueño.
- Baja capacidad de atención: la falta de sueño reduce la atención de una persona, así como su aprendizaje y procesamiento.
- Menor adaptabilidad: algunos estudios han encontrado que la falta de sueño dificulta la flexibilidad cognitiva, reduciendo la capacidad de adaptarse en circunstancias inciertas o cambiantes.
- Capacidad emocional reducida: dormir mal también puede alterar nuestro humor y personalidad, volviéndonos más irritables e irascibles.
- Juicio deteriorado: en algunos casos, esta respuesta emocional desregulada perjudica el juicio. Las personas que no duermen lo suficiente tienen más probabilidades de tomar decisiones arriesgadas y pueden centrarse en una posible recompensa en lugar de en las desventajas.
Al comparar estos déficits con el comportamiento cerebral de una adolescente, la analogía es clara. “El adolescente típico suele estar lleno de dudas”, desarrolla Ana Muñoz, Directora de Cepvi.com, licenciada en psicología y especialista universitaria en medicina psicosomática y psicología de la salud. “Son capaces de pensar en términos de lo que podría ser verdad y no sólo en términos de lo que es verdad. Es decir, pueden razonar sobre hipótesis porque pueden imaginar múltiples posibilidades”. Sin embargo, existen dos factores característicos de su pensamiento muy a tener en cuenta en la toma de decisiones: “Dado que acaban de ser conscientes de todas las posibilidades que ofrece y podría ofrecer el mudo, tienen problemas para decidirse incluso en las cosas más sencillas”; y además, “suelen creer que ellos son especiales, que su experiencia es única y que no están sujetos a las mismas leyes que rigen el mundo. Esto puede llevarlos a asumir conductas de riesgo, porque piensan que nada malo va a pasarles a ellos”.
Los investigadores del estudio de Ottawa, que evaluó el impacto de una noche de privación total de sueño en 56 adultos sanos, determinó que dormir poco efectivamente modifica la percepción del riesgo de los seres humanos. Al no percibir correctamente el peligro al que están expuestos, es más probable realizar una mala o pobre evaluación de la situación. "Si experimentas aunque sea una sola noche de falta de sueño, habrá un impacto, incluso a nivel neuronal. Por eso, queríamos combinar imágenes cerebrales y comportamiento para ver ese impacto", explica uno de los investigadores afiliado al Instituto de Investigación del Cerebro y la Mente de Ottawa. "Estos resultados subrayan la importancia de mantener un sueño adecuado y cómo las personas deben abstenerse de tomar decisiones importantes cuando experimentan una privación crónica o aguda del sueño", afirma Fang, coautor del estudio con Tianxin Mao de la Universidad de Pensilvania junto con el autor correspondiente Hengyi Rao.
Otro estudio relevante sobre el tema, Sleep Loss and Emotion: A Systematic Review and Meta-Analysis of Over 50 Years of Experimental Research, llegó a conclusiones muy similares: “Cuando no dormimos bien nos dejamos llevar más por nuestros instintos más primitivos y menos por la parte más racional de nuestro cerebro, por eso tenemos más tendencia a llevar a cabo conductas más impulsivas, a perder los nervios, a tener más ansiedad o a comer alimentos más calóricos”. Lo más significativo de este metaanálisis es que demuestra que esa asociación se da, incluso, tras perder solo una o dos horas de sueño en una noche. Incluso en esa situación, se observó en los participantes una disminución del estado de ánimo positivo y un aumento de la ansiedad. “Las emociones gobiernan prácticamente todos los aspectos de nuestra vida diaria, así que privarnos del sueño parece ser la mejor manera de elegir al peor conductor posible”, concluyeron los expertos.

Esto te interesa:
La infusión que mejora la astenia otoñal y la falta de sueño
¿Tú también has dormido mal en la noche del eclipse solar? Hay una explicación
Esta es la cantidad justa de café que debes tomar (y cuándo hacerlo) antes de entrenar

