Hacerse la manicura es uno de los rituales de belleza más habituales en mujeres de todo el mundo. No importa que seas de las que prefiere la semipermanente o de las que no puede vivir sin sus uñas de gel, unas manos cuidadas son, sin lugar a dudas, una de las mejores cartas de presentación y, en muchos casos, el complemento perfecto para elevar cualquier look. El auge de las manicuras ha hecho que los salones proliferen en casi cualquier ciudad del mundo. En algunos es indispensable reservar con semanas de antelación y otros te dan citas exprés casi inmediatamente. Y aunque elegir el espacio en el que nos hacemos manicura no debería de ser una suerte de ruleta rusa, no todos los salones juegan con las mismas reglas. No deberíamos perder de vista que una manicura bonita puede durar semanas, pero una mala práctica puede dejar secuelas mucho más largas: uñas debilitadas, infecciones, daños en la cutícula o incluso dolor persistente. Por eso, elegir buenos profesionales es clave para preservar la salud de nuestras uñas.
El problema es que muchas señales de alarma no son evidentes a primera vista. No siempre se trata de un local sucio o de herramientas oxidadas. A veces, la red flag está en lo que normalizamos. Prisas, limados agresivos, productos mal aplicados o una falta total de asesoramiento personalizado. Alguien que conoce su oficio y trabaja con experiencia puede responder a todas tus preguntas. No tendrá complejos y la conversación será fluida. Por el contrario, si la persona que tienes delante parece molesta o insegura, no es buena señal. Además, una buena manicurista es alguien que sabe cuándo decir que no cuando tus uñas están dañadas, por ejemplo. Es como un peluquero que podría rechazar un corte de pelo que no te favorece. Podría sugerir un programa de tratamiento en lugar de un esmalte semipermanente para una correcta rehabilitación de las uñas. Saber identificar cuándo un salón no está cuidando tus uñas (ni tu salud) es clave para no pagar el precio después.
“Lo primero, al entrar fíjate si te piden que te laves las manos. Que haya jabón o desinfectante para los clientes es una de las cuestiones más básicas. Una vez que te sientes, asegúrate de que la técnico utiliza guantes y si el puesto de trabajo tiene manchas de productos que no han sido limpiadas o mucho polvo acumulado y, obviamente, desorden. Además, debería de haber autoclave o esterilizador”, explican Bianca Heczei y Ksenia Polonik, fundadoras y manicuristas en el salón Tayta Nails Studio en A Coruña. “Toda herramienta debe ser esterilizada y embolsada. Las tijeras , los alicates, los empujadores de cutícula si son de acero, las curetas para pedicura, absolutamente todo que está hecho de acero. Deben estar en unas bolsitas de esterilización como ves en la consulta de un dentista o cualquier médico. Esa bolsita tiene un circuito verde que al meterse en la autoclave se pone marrón , si no ves ese circulito marrón quiere decir que no se ha completado todo el proceso de esterilización, que se han olvidado o que no tiene la máquina para ello , o simplemente lo meten todo en bolsas pensando que la mayoría de las clientas no sabrán ver la diferencia”.
Además de las cuestiones de higiene en el propio local, existen señales que revelan que el profesional no se ha formado adecuadamente. “Las red flags principales son la falta de higiene en el puesto de trabajo del técnico, falta de guantes, falta de productos adecuados –algo que no siempre es fácil de detectar si no eres profesional–, falta de organización en su mesa, no examinar las uñas a una clienta nueva y no hacer preguntas sobre qué es lo que quiere conseguir, lo que denota una falta de interés en hacer bien su trabajo”, enumeran las expertas.
Y lanzan un último consejo. “Sobre todo recomendamos que te fíes de tus instintos, si algo no te ‘huele bien’ no vayas. Busca reseñas, aunque esto no es infalible. Puedes ir a un sitio que tiene reseñas buenísimas y es posible que a ti no te guste el ambiente, por ejemplo. Eso sí, si el porcentaje de reseñas malas es alto lo mejor es descartarlo. Además, antes de reservar llama y haz preguntas como por ejemplo si esterilizan, qué productos utilizan –de nuevo, como clienta es difícil saber las diferencias–, pregunta a tus amigas si lo han probado, si tienes la opción ve a mirar el salón antes de pedir la primera cita y observa si te agrada y si tiene una buena atención al cliente que te haga sentir segura”.

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