Cuando Jennifer Lopez, Cameron Díaz y compañía fueron pijas (sí, lo fueron)
Pijo: dicho de una persona cuyo vestuario, modales, lenguaje, etcétera, manifiesta afectadamente gustos propios de una clase social adinerada.
Todos conocemos la postal: bolsos de piel, manicura imperceptible, collares de perlas; fines de semana en la casa de campo, tartas de merengue, vinos añejos; perfumes con aroma a chimenea, diademas y chalecos, pelo igualado, puntas moldeadas; expresiones como: “las niñas”, “copas en casa de tal”, “pendientes divertidos”. Ser pijo implica comprar un billete en primera clase, un ticket de admisión para un selecto grupo donde todo es mejor y todos son mejores. La historia es que la moda hace tiempo se adueñó de algunos de los códigos de esta clase social para convertirlos en populares.
Sucedió durante el inicio del estado de bienestar, justo cuando aparecieron las aerolíneas low cost y firmas como Zara comenzaron vender bienes de una calidad más que aceptable a un precio asequible. De repente ir a Marruecos durante un fin de semana ya no era solo el capricho inalcanzable de unos pocos, sino la necesidad de muchos; y los jerséis de cashmere se hicieron tan populares como los vaqueros. Las líneas entres unos y otros se desdibujaron aunque las diferencias seguían existiendo, porque no es lo mismo viajar en primera que en turista, del mismo modo que poco tiene que ver comprar en Zara que en The Row. Todo se parece, la ilusión es “real”, pero en el fondo se trata de una imitación. Aceptable, sí, pero imitación.
Dejando aparte las tendencias y sus caprichos, casi todas las mujeres han atravesado una fase “pija”. Y aquí nos referimos en exclusiva al uso de ciertos detalles, prendas o accesorios históricamente empleados por las clases adineradas. Es decir, no se trata ni de ser ni de parecer, sino de llevar una serie de conjuntos que además de clásicos son elegantes y cómodos y eso, para qué negarlo, resulta bastante irresistible.
Puede que sucediera en la adolescencia –cuando llevar esto o aquello significa tanto– o en la más absoluta madurez –con cero ganas de probar tendencias–, pero estas estrellas han probado las mieles del “pijerío” y lo cierto es que les sentaba muy bien.










