Heidi Klum es una de las muchísimas supermodelos que siempre acuden a su cita con el Festival de Cannes. Para ella, como para el resto, se trata de la enésima alfombra roja donde debe obsequiar a crítica y público con un gran momento de moda. Un objetivo que la alemana se toma muy en serio, ya que pocas veces se la ha visto con el típico vestido negro con escote palabra de honor en el que tantas otras invitadas y celebridades confían día sí y día también. Heidi sabe que ser viral no es una obligación, sino una divertida consecuencia de haber hecho bien su trabajo.
Sin embargo, esta edición del Festival de Cannes promete promete ponérselo difícil tanto a la modelo alemana como al resto de celebridades que siempre asumen el reto de lucir espectaculares en cualquier evento al que asisten. La nueva normativa del festival obliga, así como la cantidad de invitados que se acumulan en la croisette y necesitan de cierto espacio para circular.
Ni “desnudos” ni vestidos “voluminosos”, reza el comunicado emitido ayer por la dirección de Cannes. Y aunque Heidi ha asumido sin problemas la primera exigencia, no ha ocurrido otro tanto con la segunda. La modelo se ha personado en la primera alfombra roja de esta edición con un “voluminoso” vestido floral de color rosa firmado por Elie Saab. Un modelo que podría decirse que lo tiene todo para generar cierto malestar entre los puristas de Cannes: flores xl bordadas a lo largo y ancho del diseño, es decir, mucho espacio vital ocupado; y una cola enorme de varios metros que Heidi ha paseado con toda la intención por las icónicas escaleras del festival.
La organización de Cannes ha sido especialmente escrupulosa en lo que a las colas de los vestidos se refiere. “Los estilismos voluminosos, en particular aquellos con una cola excesivamente largas que dificultan la fluidez del tráfico de los invitados y complican el seating dentro del teatro tampoco están permitidos”, afirma el comunicado emitido ayer mismo por la dirección. Es más, apenas unas líneas después, se hace hincapié en la supuesta intransigencia del equipo que vela para que esta normativa se cumpla. Una postura que auguraba mucha tensión en los días y estilismos venideros.
El vestido lucido por Klum nos lleva a pensar que quizá el león no sea tan fiero como lo pintan, y que si la invitada en cuestión es una estrella y va a obsequiar al festival con un interesante momento de moda y, por extensión, con una visibilidad considerable, pues se mira hacia otro lado y aquí no ha pasado nada. Una conclusión que hemos extraído del pequeño y primer acto de “rebeldía” visto en Cannes, y que con toda probabilidad no será el último.

