El gran agotamiento será la gran tendencia de aquí a 2026

Ese sentimiento colectivo de cansancio constante tiene un nombre y muchas consecuencias: también en nuestra forma de vestir.
Qu es el gran agotamiento y cómo afectar a la moda
Qué es el gran agotamiento y cómo afectará a la modaIlustración de Mar Lorenzo

No eres tú, somos todos, que cuando nos preguntan cómo estamos repetimos sin descanso: “Exhaustos”. O si se prefiere: “No me da la vida". Esa fatiga constante y generalizada ha sido confirmada por los analistas como un fenómeno colectivo que ya han bautizado y estudiado en términos socioeconómicos. Los románticos padecían el mal du siècle (el mal del siglo) y nuestra generación está sumida en El gran agotamiento.

Irina Shayk en la pasarela de Tod's

Ante la imposibilidad de ocultarlas, las tendencias de belleza se han reconciliado con las ojeras: los correctores han empezado a desaparecer, en la pasarela y en la alfombra roja.

Dave Benett/Getty Images

¿Qué es El gran agotamiento?

La expresión acuñada por el escritor e informático Carl Newport en un artículo de The New Yorker, se refiere a ese cansancio crónico que la mayoría experimentamos en lo cotidiano tras jornadas laborales maratonianas que se completan con tareas de responsabilidad (el gimnasio, la compra, clases extraescolares…) y, en menor medida, con actividades de ocio. El problema ya no es tanto sacar tiempo –que también– como reunir las fuerzas.

Esta tercera ola, impulsada por una corriente desidia y desencanto, llega justo después de lo que se conoce como La gran dimisión (que condujo a la renuncia silenciosa) y lo que él denomina como las Guerras del teletrabajo. Y aunque no supiéramos nombrarlo –la periodista y escritora Beatriz Serrano, por ejemplo, lo denominó: El desencanto– es poco probable que no hayamos sufrido sus efectos.

¿A qué se debe? Los factores que explican el ‘gran agotamiento’

Entre sus causas más comunes está, por supuesto el trabajo, pero el agotamiento colectivo “también se debe a: la tecnología, incluida la desinformación sobre las IA, la desigualdad salarial; la dificultad para acceder a una vivienda o para tener hijos, antes hitos vitales accesibles, la política –64 países han celebrado elecciones en 2024– y el consumo online”, enumera la periodista Amy Odell en su carta por subscripción. De acuerdo con su análisis, las mujeres se suelen llevar la peor parte, entre otras cosas, por la carga mental femenina y el reparto todavía poco equitativo de los cuidados y las tareas domésticas.

“No sólo experimentamos estrés durante los momentos más intensos de la vida, sino que nos sentimos rutinariamente agotados en nuestros días más simples. El gran agotamiento se presenta como una especie de resaca de la pandemia, ya que hemos intentado continuar ‘como siempre’, pero con menos recursos y un tiempo de inactividad limitado para recuperarnos. Como resultado, parece que nunca podremos ponernos al día, dejando que el mundo siga trabajando mientras se queda vacío”. Brielle Saggese, Insight Strategist en WGSN, explica con estas palabras lo que otros la mayoría podríamos resumir como “ir atropellado” o la sensación de que “la vida avanza más rápido que yo”.

En su informe sobre hábitos de consumo, la agencia WGSN de predicción de tendencias pronostican que en dos años, la influencia de ‘el gran agotamiento’ habrá modificado la relación de las marcas con el público y proporciona una serie de consejos para volver a conectar con esos compradores cada vez más apáticos y decepcionados.

Audrey Hepburn bostezando en Vacaciones en Roma

Se conoce como ‘el gran agotamiento’ el sentimiento colectivo de fatiga constante y cansancio crónico que padecemos desde la pandemia.

Archive Photos/Getty Images

Cómo nos afecta el gran agotamiento: signos y manifestaciones

En WGSN predicen que sus consecuencias empezarán a notarse en 2026; en cambio, los primeros síntomas ya han empezado a manifestarse.

A luz de este análisis cobra sentido, por ejemplo, que la novela de Ottessa Moshesh, publicada en 2019 (aunque ambientada en los primeros 2000) conectara tan bien con el público que la encumbró como una obra de culto casi de inmediato. A las generaciones anteriores les hubiera costado empatizar con que alguien soñara y buscara obtener por todos los medios, incluida la medicación, “Mi año de descanso y relajación”.

  • En belleza, los correctores y antiojeras han empezado a desaparecer anticipando ese momento en que, no sólo nos reconciliaremos con las bolsas y las ojeras –qué remedio– también con textura natural del cabello, los peinados de andar por casa –como el moño de la pereza–, el encrespado y el despeinado –como recién salida de la cama–, o el pelo de domingo.
  • En moda, los camisones y otras referencias sutiles a la lencería o al ámbito doméstico han dado paso a una serie de guiños explícitos a la ropa de cama: el vestido edredón, el abrigo colcha o la falda almohada.

No puede ser casualidad que el tema de la Met Gala 2024 (y de la exposición asociada) fuera Bellezas durmientes. Las señales estaban ahí para quien quisiera verlas.

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El gran agotamiento: ¿la tendencia que acabará con las tendencias?

“Las microtendencias y la moda rápida han acelerado el ciclo de la moda a velocidades absurdas donde las tendencias apenas nacen antes de evolucionar hacia la siguiente gran novedad. Tanto la sobreproducción como el consumo excesivo están llevando a las marcas y a los consumidores al agotamiento, pero también hasta el punto en que las microtendencias finalmente están perdiendo importancia porque no hay suficiente tiempo para digerirlas. En cambio, los consumidores buscarán relaciones más significativas con la ropa que compran, donde desarrollar una comprensión íntima de su estilo y gusto personal prevalecerá sobre las tendencias que surgen y se repiten”, augura Saggese.

La portavoz de WGSN coincide con Francesca Tur Serra, futurista, directora creativa y fundadora de Tendencias TV en que el ritmo al que se suceden las tendencias, ya no sólo en Tiktok, sino en las tiendas o en las conversaciones, resulta insostenible y reflexiona sobre las psibles consecuencias.

Aunque hay quienes creen que eso conducirá irremediablemente hacia la explosión de la burbuja (eso que llaman: nothingcore), la analista concibe las posibles respuestas dentro de un espectro que va desde las prendas refugio, esas en las que nos sentimos como en casa y proporcionan alivio ante la paradoja de la elección, hasta la extravagancia y el surrealismo más absoluto.

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Cómo influirá el gran agotamiento en nuestra manera de vestir

“Cuando aparecen tensiones reaccionamos de diferentes maneras, no siempre es una respuesta única sino que a menudo van oscilando. Entonces creo que frente a ese ‘gran agotamiento’ hay una parte de: ‘quiero consumir menos. Quiero cosas que sé de dónde vienen, prendas nostálgicas de nuestras abuelas, prendas talismán, la llevo y me da suerte; prendas sencillas, la llevo y me despreocupo de tener que elegir…’ La ropa como refugio. Y por otro lado, otro escenario en que frente a ese mismo ruido, prefiero evadirme, buscar estilismos increíbles, más locos”, explica Tur.

Es decir, el ‘gran agotamiento’ se manifiesta en nuestra manera de vestir, no tanto en su interpretación más literal (como podría ser el vestido cama de Viktor&Rolf, el de 2005 y el de 2018), sino figurada. Por ejemplo en esas prendas refugio que la experta ilustra con ejemplos muy reveladores: los colores neutros del lujo silencioso, el uniforme de moda como solución a la incapacidad de decisión…

Y sin embargo, no cree que en una única respuesta que apunte hacia el minimalismo o la nostalgia sino que “hay veces en que lo que quieres es evadirte e ir vestida con un look de boda por la vida”.

En cuanto a las posibles soluciones para salir del letargo al que parecemos condenados, no parece que podamos romper el encanto con un beso, pero para la analista la llave de nuestro sueño eterno está en el sentido común. “Igual no hay que producir 50 colecciones, ni temporadas crucero, ni separar tanto las estaciones. Al final en verano me pongo chaqueta por el aire acondicionado y en invierno voy en tirantes por la calefacción”, apunta.

“No deberíamos dejarnos llevar por las reglas que imperaban hace años que han cambiado muchísimo por todo lo que estamos viviendo”, aconseja mientras se opone a los escenarios alarmistas. “No es tanto qué va a pasar en 2026 como qué queremos que pase. Yo entiendo las tendencias como agentes de cambio y creo que todos somos responsables”, sugiere.

En cuanto a la capacidad de acción de los individuos, Tur introduce otro término clave en los análisis de tendencias más recientes: el decrecimiento.

Esta teoría política social económica propone producir menos en distintos ámbitos de la vida, ya sea contenidos o productos, para reducir el ruido. Sería el equivalente "a poner límites" y responde a una necesidad apremiante ante la escasez de recursos. Ojo que ya no queda algodón aunque la gente no se lo crea y hay que buscar otras formas de producir", señala la experta.

Aunque cada uno en su ecosistema o lo que ella denomina archipiélago o islas de intereses, existe un movimiento de aceleración constante “al que no estamos acostumbrados y nos impide digerir la información”. Y recomienda: “En el momento en que pongamos límites, esto se relaciona en el gran agotamiento porque igual si antes hacía 20 y ahora hago 5, tengo más tiempo para mí, estoy menos agotada, no me apetece anestesiarme entrando en TikTok y quedarme ahí mirando durante horas. Creo que al final es todo un mismo círculo”.

La periodista Amy Odell coincide: “Mucha gente intentará utilizar menos sus teléfonos y consumir menos, por lo que las marcas tendrán que encontrar nuevas formas de llegar a la gente y convencerla de que compre cosas”.