Vivimos permanentemente con el pie en el acelerador. Entre reuniones, notificaciones, responsabilidades y esa sensación de que nunca llegamos a todo, el estrés se ha convertido en el silencioso acompañante de la vida moderna. Lo solemos asumir como algo inevitable, incluso normal, sin detenernos a pensar en cómo, poco a poco, va afectando a nuestra salud. Sabemos que causa problemas para conciliar el sueño, acelera el envejecimiento de la piel, provoca caída del cabello y altera el sistema digestivo y el estado de ánimo. Pero por si esto no fuese suficiente, nuestra dentadura también sufre cuando estamos estresados. Y es que el vínculo entre ansiedad, estrés y salud bucodental es mucho más estrecho de lo que imaginamos y cada vez son más las personas que acuden a la consulta del dentista por este tipo de problemas. “Además de la sensación que tenemos en la clínica de tratar cada vez más problemas causados por el estrés como el bruxismo, desgastes, fisuras o sequedad bucal, hay estudios que corroboran que, en los últimos años, estos casos han aumentado un 17%”, explica María Gámez, especialista en odontología estética e implantología y fundadora de la clínica dental MYCA.
“Los dientes, y la boca en general, es sensible a los estados de ánimo debido a su conexión con el sistema nervioso”, explica, “algunos síntomas como la sequedad bucal, el bruxismo (rechinamiento de dientes), el dolor o la tensión mandibular, las úlceras o aftas, los herpes labiales y el mal aliento son algunos de las señales de que el estrés y la ansiedad podrían estar afectando a nuestra salud bucal”. Estos trastornos, además, no solo afectan la estética de la sonrisa, sino también la funcionalidad y, en consecuencia, el bienestar general.
El bruxismo, por ejemplo, se ha convertido en uno de los grandes males de la era del multitasking. Las tensiones acumuladas durante el día se descargan al dormir, provocando presión constante sobre la mandíbula y desgaste del esmalte. El resultado es dolor, rigidez, cefaleas y fracturas dentales. “El bruxismo puede causar desgaste, fracturas o fisuras, dolor, sensibilidad y problemas de oclusión o en la articulación temporomandibular. En definitiva, puede dañar la estructura dental y causar problemas a largo plazo si no se trata”, asegura la odontóloga.
Y hay más, porque el estrés también puede alterar la producción de saliva —clave para proteger los tejidos orales— y reducir las defensas frente a bacterias, además de provocar esa sensación de sequedad en la boca. “La sensación de boca seca se produce cuando estamos nerviosos o ansiosos debido a la respuesta de lucha o huida del cuerpo. Cuando nos sentimos estresados, nuestro cuerpo libera hormonas como la adrenalina, que reduce la producción de saliva y causa sequedad bucal. Esto es una respuesta natural de nuestro organismo para prepararse para la acción, pero puede ser incómoda e incluso llegar a afectar nuestra capacidad para hablar y tragar”, advierte la experta.
Pero no todo está perdido. La prevención y la consciencia son las mejores herramientas. Desde la Clínica Dental Myca insisten en la importancia de detectar a tiempo los síntomas y adoptar rutinas que ayuden a proteger la salud oral, incluso cuando la agenda va a contrarreloj. “Practicar técnicas de relajación, hacer ejercicio regular, mantener una alimentación equilibrada y acudir de forma periódica al dentista son pasos sencillos que pueden marcar la diferencia”, recomienda Gámez.
