Vestir bien en tu cena de empresa. Esa es la cuestión. Y lo importante del asunto es que se trata, efectivamente, de una cena de empresa. El evento donde todo puede suceder (en serio, todo), esa fiesta que no lo es pero quizá se convierta en una, el único momento del año en el que se puede disfrutar de esta visión: el presidente de la compañía con una diadema de reno. Ha llegado el momento de sincerarse sobre las cenas de empresa. Sí, en principio da pereza. Las fiestas de toda la vida del señor reúnen a amigos, familiares e incluso simpáticos desconocidos que terminan aportando la salsa que redondea el plato. Pero nunca, nunca, a personas que están relacionadas entre sí por cuestiones tan delicadas como un sueldo o un puesto de trabajo. En cualquier caso, se celebran cada año y hay que estar. Lo dice una suerte de “obligación” que no figura en ningún contrato y que sin embargo casi todos los trabajadores asumen sin rechistar. Y una vez que se ha llegado, que se ha cruzado la puerta con las mejores galas que uno tiene, hay que aferrarse a la copa de champán y dejarse llevar. Como decía Javier Marías, reconforta pensar que todo puede suceder, y eso también incluye lo bueno.
Tu cena de empresa de este año podría convertirse en la fiesta de tu vida. Y aunque ahora mismo muevas la cabeza de derecha a izquierda, mucho nos tememos que lo dicho en líneas anteriores es tan probable como que mañana llueva sin avisar. Hay que estar preparada. Hay que tener el chubasquero a mano y las botas limpias. Hay que contar con un vestido, una blusa, un algo que se pueda llevar en una fiesta plagada de superiores y compañeros de trabajo que si el azar quiere se convertirán en tus personas favoritas para abordar la pista de baile. Y ese algo, definirlo, tiene su cosa. No es fácil. Lo que no se controla, que es casi todo, nunca lo es. El cielo está de que sí y de que no, y ante la duda es mejor apostar por lo “seguro”. No sabemos si esto último existe, pero la moda, en su infinita bondad, siempre nos obsequia con prendas y accesorios que ofrecen esa ilusión de “seguridad”. Recurrir a ellas en una cena de empresa es de puro sentido común. Y lo que tenga que pasar que por lo menos nos pille bien vestidas.
Cómo vestir bien en una cena de empresa
Has de tener uno. Y si no es así, no entendemos a qué estas esperando. Contar con un vestido negro, sencillo y cómodo es como tener el frasco de aceite de oliva siempre lleno. Un lujo imprescindible. No hace falta que sea especialmente caro, hay tantos modelos disponibles como tipos de precios. Puedes encontrar el tuyo en Zara o en Rick Owens, pero simplemente has de tenerlo. Incluso te recomendamos contar con dos, uno de manga corta y otro de manga larga.
Si te sientes demasiado formal con él, basta añadir unos pendientes largos o un bolso pequeño y de pedrería para transformar esta prenda sencilla y básica. Con un vestido negro es imposible fallar, te garantiza la entrada a cualquier club y una dosis de elegancia que si peca de algo es de discreta, una cualidad tan escasa como preciada en los tiempos que corren.
Aunque parezca una combinación clásica, que lo es, la camisa blanca es una prenda que puede ser todo lo informal y todo lo elegante que una quiera, y precisamente por eso resulta tan interesante cuando se integra en estilismos que se lucirán en fiestas y eventos. Así ha sucedido, por ejemplo, en los Oscars. Las actrices que han apostado por una camisa blanca en lugar del típico vestido de sirena (Sharon Stone) han sido recordadas e imitadas a partes iguales.
Camisa blanca y falda negra es una combinación especial, es elegante, y no requiere de mucho más. El toque de luz ya lo aporta el blanco en cuestión. Si tu fiesta de empresa promete ser la perfecta mezcla de compañeros/amigos y jefes, es tu look.
Y aquí estamos pensando en una cena de empresa en la que seguro habrá baile, y fotos bonitas, y copas de champán, y confeti. Una cena de empresa con vocación de fiesta.
Piensa que un traje masculino es Mick Jagger y Alexa Chung, y Françoise Hardy y Brigitte Bardot, y Serge Gainsbourgh. Se trata del conjunto más estiloso y moderno que existe, y que está más de moda que nunca. En esta ocasión, prescinde de las deportivas New Balance que añadirías en caso de llevarlo un lunes cualquiera y escoge unos zapatos plateados de tacón. Eso sí, se trata de una cena de empresa, no lo olvides. Y por muy informal que sea, es preferible decantarse por un conjunto negro o gris. Moderna, sí; discreta, también.
La inesperada unión de estas dos prendas, que pertenecen a mundos estéticos completamente opuestos, ha configurado un conjunto impecable. La clave es optar por la opción monocolor o bien practicar el contraste definitivo: blanco y negro. Si sigues este pequeño consejito, podrás añadir las lentejulas que quieras y el resultado siempre será perfecto. Prometido.
Sí, hay personas que trabajan en lugares en los que las cenas de empresa son una suerte de bacanal en la que sacan a pasear su yo más salvaje. Ni trajes, ni formalidad, ni corbatas ni jerséis de cuello de cisne. La idea es apostar por conjuntos atrevidos que solo tienen cabida en clubs, discotecas varias y restaurantes donde la música suena muy alta.
Para esas afortunadas que van a pasárselo muy bien próximamente, recomendamos un clásico festivo: falda muy corta y muy recta, y abrigo de pelo muy voluminoso. Nada nuevo bajo el sol, pero conviene recordar la efectividad de este conjunto.
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