Hubo un tiempo en el que Kate Moss paseaba su abrigo de pelo por toda Inglaterra. Se lo llevaba a festivales, paseos varios, conciertos, fiestas celebradas en secreto, estudios de grabación. No había espacio en el que la modelo no consiguiera hacerlo encajar. Y tenía razón. El maldito abrigo, que en realidad era más bien un chaquetón, se había convertido en una gabardina, en un modelo de paño, en un Barbour. Había adquirido el don de la ubicuidad de todas estas piezas gracias a la firme insistencia de la, por otra parte, maniquí más influyente de la moda contemporánea. La entonces chica y ahora mujer de ojos verdes que a veces bizquea y es muy capaz de llevar un minivestido de lamé dorado con braguitas a juego al mismísimo Festival de Glastonbury.
La inspiración de Kate, en cualquier caso, no viene de ella misma. Aquí entra en el juego (de los abrigos de pelo) una tal Anita Pallenberg, la jefa suprema del movimiento groupie, gran amor de Keith Richards, madre de su hijo Marlon y auténtica experta a la hora de llevar abrigos de piel a todas partes. Hablamos incluso de aeropuertos, donde Pallenberg nos obsequió con algunos de sus mejores estilismos y donde puso de moda aquello que Moss practicó después: no siempre conviene vestir de acuerdo al lugar o las circunstancias. A veces es mejor revelarse.
Han pasado muchas cosas desde aquellos abrigos de pelo, desde Anita y Kate, desde, y desde que los botines eran los únicos zapatos informales a tener en cuenta. Ni Stan Smith, ni Samba, ni New Balance. Las deportivas eran eso mismo, deportivas, cuando lo fueron; y su manual de uso se aplicaba solo en espacios deportivos o momentos catalogados como “renuncios”, es decir, un recado a primera hora de la mañana, un café para llevar tras haber salido del gimnasio. Sí, han pasado muchas cosas desde aquellos maravillosos años sesenta y los no menos inspiradores, a tenor de las tendencias actuales, 2000.
Cómo llevar el abrigo de pelo en 2025
Para empezar y casi terminar, las deportivas le han ganado terreno a los mencionados botines. De manera que si antes solo ocupaban una estantería en el vestidor de turno ahora cuentan con su propio armario, ahora se coleccionan, se renuevan y, quizá lo más importante según el tema que nos ocupa, se combinan con casi cualquier prenda. Abrigos de pelo incluidos. No cuesta imaginar a la Kate Moss de 2001 añadiendo unas New Balance al conjunto de turno de haberse lucido este en 2025. O quizá no. La modelo tampoco se caracteriza por seguir las tendencias al dedillo, sino más bien ser fiel a las suyas propias. En cualquier caso, Kate Moss está a otras cosas y a otras modas, y mientras tanto, otro nutrido grupo de mujeres influyentes escribe nuevos capítulos en el libro de estilo del abrigo de pelo.
Emily Ratajkowski, Elsa Hosk, Camille Rowe, Alexa Chung y compañía –la nueva pandilla a seguir– han desterrado los botines y los han sustituido por unas cómodas zapatillas, y el resultado es sorprendente dada la naturaleza de ambas prendas. Ni en nuestras peores pesadillas de 2001 habríamos combinado un abrigo de pelo con las ya entonces populares adidas Samba. Error de estilo nivel principiante o, aún peor, nivel “no sé de qué va este juego pero lo juego igualmente”. Sin embargo, la extraña moda de 2025 tiene otros planes y, sobre todo, otras necesidades. Y donde antes imperaba cierto glamour o roquera sofisticación, ahora reina la más absoluta comodidad. Las vidas se han hecho lo suficientemente complicadas como para no considerar otros zapatos; y en invierno, otro abrigo.
Otro momento clave para entender el éxito de esta combinación es el desembarco de Alessandro Michele en Gucci en 2015. La estética caótica, despreocupada, mágica, ecléctica y con un punto de locura practicada por el diseñador se apoderó de la industria en cuestión de meses, y entre las combinaciones predilectas de Michele que mejor acogida tuvieron está precisamente la formada por el abrigo de pelo y otras prendas menos “elegantes”: camisones, zuecos, bufandas de lana, deportivas, camisetas básicas de algodón… Una nueva vuelta de tuerca en la historia de este abrigo que además desveló el gran truco para actualizarlo y alargar su vida: llévalo en cualquier ocasión, menos en una que sea especial, y no le tengas miedo.
Las Samba, Gazelle y Handball Spezial llegaron justo después, cuando ambas ideas se encontraron en el camino y decidieron unirse para añadir un toque extraño a un año (de moda) que promete serlo todavía más, y en el que casi cualquier combinación tiene cabida. Mezcla y vencerás, pierde el miedo y te acercarás al Olimpo. Así funcionan las mentes privilegiadas de esta industria y del arte en general. Piensa en Miuccia Prada –que ha hecho lo propio con los collares de perlas–, piensa en Kate y Anita, piensa en cualquier icono de estilo. Primero el riesgo, luego la tendencia.





