Existen muchos tipos de halagos beauty. Desde ‘me gusta tu maquillaje’ hasta ‘qué bien llevas el pelo hoy’, pero sin duda ‘qué bien hueles’ es uno de mis favoritos. Hay olores que te transportan a lugares felices –o no–, otros que son agradables, pero no dejan huella. Y luego está ese tipo de fragancias que cuando alguien pasa por tu lado te preguntas mentalmente ‘¿qué perfume es ese?’. Últimamente me he dado cuenta de que siempre que me llama la atención un perfume coincide que el iris es uno de los ingredientes principales de su formulación. Me gusta decir que el iris es algo así como el jersey de cashmere del mundo de las fragancias: clásico, caro y eternamente elegante. Y aunque la elección de un perfume es algo sumamente personal, querer oler a lujo y sofisticación es un deseo bastante universal pero, ¿a qué huele algo caro? Definir el lujo en perfumería es complejo, pero la historia del perfume, la información sobre su creación y su legado o trayectoria son factores clave para crear una fragancia de lujo. Además, el diseño del envase, el posicionamiento del producto y, por supuesto, el aroma, también son factores determinantes.
La producción del iris es muy costosa y laboriosa, una de las razones por las que este ingrediente está asociado al lujo en el mundo de la perfumería. “Los rizomas deben secarse (tras pelarlos a mano) de dos a cinco años para que los compuestos aromáticos se desarrollen. Luego, se muelen y se extraen las moléculas aromáticas en una pasta conocida como Orris o manteca de Iris, que se refina con alcohol para producir el absoluto de iris. Este proceso prolongado, y su bajo rendimiento hacen que sea uno de los ingredientes más caros. Tiene, además, cierta connotación ‘monárquica’, ya que el polvo de lirio se utilizaba para perfumar pelucas y guantes a finales del XVIII”, explica Daniel Figuero, experto en fragancias y autor del libro Contraperfume.
“El iris (lirio en español) es una flor y, como comentaba, un ingrediente clásico muy valorado en perfumería. La variedades Iris Pallida e Iris florentina son las más utilizadas en perfumería. Pero, curiosamente, no es la flor la que se utiliza, sino la raíz (conocida como rizoma)”, señala Figuero. Además de por su aroma, es importante saber cómo se comporta un perfume sobre la piel, de ahí también dependerá que nos acabemos decantando por uno u otro. El iris, según el experto es sumamente versátil. “Se trata de una nota sutil. Generalmente se utiliza como nota de corazón o de fondo, lo que permite que su complejidad se desarrolle plenamente con el tiempo en la piel. Su evolución puede manifestarse como una estela de madera atalcada muy elegante. Puede ofrecer una sensación de limpieza, jabonosa o empolvada, con matices bien ligeros, bien cremosos”. “Se encuentra comúnmente en fragancias florales y empolvadas. Puede aportar un toque limpio y almizclado en fragancias amaderadas. Combina bien con notas como violeta, lavanda, rosa, sándalo y cuero”.
El iris no busca ser abrumador, sino único y sofisticado, lo que logra un sentimiento de exclusividad en quien lo lleva que es sutil pero poderoso, según el autor de Contraperfume. “El aroma del iris es sutil y sofisticado. Se describe a menudo como empolvado, a veces verde, unido a la tierra y ligeramente amaderado, con un toque de violeta o talco que le confiere una dulzura floral suave. También puede tener un matiz cremoso y aterciopelado dependiendo de cómo se combine”. “Además, es atemporal y se reinterpreta constantemente. Es popular tanto en fragancias femeninas como masculinas, y en propuestas unisex. Su presencia es notable en perfumes de diseñador que buscan un perfil sensual, como Dior Homme, o puede combinarse de manera sorprendente como en Iris Root de Loewe”

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