Debía tener como 5 años. Iba a clases de ballet algunas tardes a la semana y me solía acompañar mi madre, que tenía el mismo horario que yo. Un día (de invierno) me tuvo que llevar mi padre y, al volver de la clase, mi madre abrió la puerta, me ayudó a quitarme el abrigo y se indignó con la escena: había ido vestida únicamente con el maillot, las medias, una sudadera y unas botas de agua. Ni pantalón, ni bufanda, ni guantes... Aún recuerdo a mi madre diciéndole a mi padre muy enfadada "¿Es que tengo que estar pendiente de todo en esta casa? ".
Esa frase la oí durante toda mi infancia -hace ya unos cuantos años- y es habitual en todos los hogares -hoy-. Pronunciada siempre por la madre. Y siempre con un tono que mezclaba el enfado y el agotamiento. Según una reciente encuesta del CIS, el trabajo 'invisible' que se hace a diario en el hogar sigue a cargo de las mujeres, aunque tengan una actividad profesional fuera de casa. Sí, aún en pleno 2024 las madres dedican un 50% más de tiempo que los padres al cuidado de los hijos. Se trata de un trabajo de Project Manager no remunerado y raramente reconocido que, con el paso del tiempo, supone una carga mental que es culpable en gran parte del agotamiento crónico que sienten muchas mujeres. Este término, por cierto, lo acuñó por primera vez la socióloga Susan Walzer en 1996, en su estudio Thinking about the baby.
Una ilustradora francesa plasmó en su día esta situación -que no por común es aceptable- en una serie de cómics titulados Me lo podrías haber pedido. Y es que esas parejas que dejan toda la carga a las mujeres suelen alegar siempre lo mismo respecto a su comportamiento: ‘Haberme dicho algo y lo hubiera hecho yo’ (por otra parte, culpabilizando a la mujer de no haber pedido ayuda). Sin ser conscientes de que el hecho de que simplemente pensar en ello ya es un esfuerzo. Y que no es solo esa tarea en concreto: el llevar toda una casa es un trabajo en sí mismo, también mentalmente. Que solo se te ocurra siempre a ti hacer ciertas cosas termina agotando a cualquiera.
Estas 40 viñetas denuncian una situación que tiene una consecuencia con nombre propio: el síndrome del burn-out, algo que afecta especialmente a las mujeres millennial. Las altas expectativas que se tienen de ellas en el ámbito laboral, social y familiar terminan produciendo una situación de estrés tal que muchas terminan por abandonar su vida profesional. Algo que, por otra parte, tampoco termina con ese síndrome porque la carga de trabajo en casa ya se multiplica hasta el infinito y sin descansos ni vacaciones.
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Cuando se forma una familia se supone que la responsabilidad se reparte al 50%. Pero el porcentaje siempre es mayor cuando se trata de la mujer. ¿Deberíamos delegar las mujeres? ¿Deberían ayudar los hombres? No. Debería haber una repartición equitativa de la responsabilidad sin necesidad de que nosotras tengamos que hacer toda la planificación -sí, ser Project Managers- pero está tan interiorizado el modelo de familia patriarcal que es muy difícil romper estos esquemas.
Se espera de las mujeres -y de las madres en concreto- que puedan con todo. Pero, como ya reflejamos hace tiempo, ni podemos ni debemos poder con todo. A pesar de lo que se pueda esperar de nosotras.
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La gestión del hogar es un trabajo aunque cuentes con ayuda dentro de él: organizar esa ayuda, las tareas necesarias y cómo realizarlas implica un esfuerzo que recae, por supuesto, sobre las mujeres. La carga mental que acarreamos las mujeres no solo conlleva agotamiento crónico y estrés sino que puede llegar a producir una inmensa insatisfacción. ¿Recuerdas aquello de que compartir las tareas domésticas podía llegar a mejorar la vida sexual de una pareja , según estudios recientes? No compartirlas genera precisamente todo lo contrario, un síntoma más de infelicidad.
¿Cuál es la clave para lograr esa igualdad que evite la carga mental en las mujeres? Como decíamos, no es delegar ni pedir ayuda. Es sentar unas nuevas bases en la pareja rompiendo los esquemas que han dominado a las familias durante más de 2.000 años (y que los millennials no parecen querer romper). Cambiar la organización familiar desde los cimientos no es tarea fácil pero si las mujeres hemos demostrado poder soportar toda esa carga mental durante tanto tiempo, también tenemos la fortaleza para liderar ese cambio.
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